Entrevistas

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Ocho años perdidos no son cualquier cosa, son cuarenta y ocho meses, aproximadamente ciento noventa y cinco semanas, son dos mil cuatrocientos cuarenta y cinco días… con lo cual tenemos cuantificada la magnitud del tiempo perdido, incluso calibrando con mayor precisión el tiempo obscenamente dilapidado, son casi de sesenta mil  horas brindadas al abstracto, al no se de donde vengo, al si se a donde voy, no se… pero si se a quien obedezco sumisamente, quien es mi maestro, mi consiliario, mi amo y mi señor.

Tal vez el lector se pregunte a santo de que viene ahora este panegírico sobre tan lamentable malogro de tiempo, ¿a quién va dirigido este sermón epistolar, este brindis al rendimiento? Antes de fijar el sujeto necesariamente hay que cambiar el adjetivo panegírico por el sustantivo catilinaria, puesto que a pesar de que la vehemencia empleada sea similar en ambos no es una felicitación mas bien es una admonición, el sentido que traslada al lector pasa de lo solemne y meritorio del primero a la predicación moral del segundo, cambia de la loa del primero a la aspereza ácida seria y respetable del último.

Igualmente antes de poner el ojo en el divieso y diagnosticar su nocividad, es necesario poner en antecedentes al lector situándolo en el escenario adecuado. Por allá por  el comienzo de siglo (nos situamos veinte años atrás) el Tratado de Lisboa tuvo la iniciativa de promover la participación ciudadana en el marco público europeo, propiciando la colaboración entre instituciones y sociedad civil. Previamente había sido en 1981 cuando el CPLRE (Consejo de Poderes Locales y Regionales de Europa) en su Recomendación n.º 18 insistía en la conveniencia de intensificar la comunicación entre los ciudadanos y sus representantes electos, mejorar las posibilidades de participación, en especial de los ciudadanos que tienen más dificultades en participar activamente, incrementar el influjo de los ciudadanos en la planificación municipal, en las decisiones estratégicas para la entidad local y en sus condiciones de vida así como favorecer la participación de los residentes extranjeros.

Es la política municipal, la que afecta a la vida diaria del ciudadano, la que gradualmente fuerza la política comarcal, provincial y estatal. Por ello todo aquello que contribuya a reforzar la toma de decisiones, provoca en el ciudadano un sentimiento de pertenencia a una comunidad. Es fundamental que las decisiones tomadas de profundis lo sean de la manera más abierta y próxima a los ciudadanos. Por otra parte no debemos olvidar que nuestra propia Constitución de 1978 garantiza en sus artículos 23 y 105.b el derecho de los ciudadanos a la participación en los asuntos públicos, y al acceso a los archivos y registros administrativos. Con todo ello quiero dejar absolutamente claro que tanto la Transparencia como la Participación Ciudadana son la estructura básica fundamental para un buen gobierno.

Recordemos que fue un gobierno del PSOE quien abrió la puerta de la participación ciudadana creando el Consejo Vecinal y sentando las bases reglamentarias de un Consejo de Ciudad un 19 de julio de 2010. En el Pleno Extraordinario que aprobó el Reglamento estaba como Presidente D. Agustín Navarro Alvado y entre los concejales asistentes figuraban D. Antonio Pérez Fenoll, D. Antonio Pérez Pérez, D. Juan Ramón Gonzalez  Zárate y Dª. M.ª Jesús Pinto Caballero. Es evidente que tanto la creación del Consejo como la posibilidad de crear el Consejo de Ciudad suponen una cesión de poder de los administradores a los administrados, de los políticos dirigentes a los ciudadanos gobernados. También es patente que poder y dinero van unidos como el mango al cuchillo, por lo que ceder poder es inevitablemente ceder fortuna y como esta es voluble, veleidosa y tornadiza, si la cedes puedes perderla… y no está la cosa como para ir jugando con las cosas de comer.

Por otra parte si difícil es manipular a una treintena de Asociaciones lo es mucho más el intentar  manotear al doble, por tanto si a la pérdida del poder-dinero sumamos un arduo y habitual mangoneo, solo queda una solución: aguantar lo que tenemos (Consejo Vecinal) y olvidar la que nos caería encima caso de arrancar con el Consejo de Ciudad. Y así andamos, con las Asociaciones Vecinales que parecen ser el ombligo de todas las Asociaciones de nuestra ciudad.  Es de pura lógica que las asociaciones de vecinos sean competentes a la hora de opinar sobre sus propios barrios, tan razonable como que sea el Consejo de Ciudad el que pueda dar su opinión sobre cuestiones que afecten a toda la ciudad. Pues no, en Benidorm todas las facultades del opinódromo las tiene adjudicadas el Consejo Vecinal, tiene comisiones para dar y vender, de igualdad, de educación, de patrimonio, de seguridad, de la música celestial. Si las rodeas con el “caramelo celofanizado” de los Presupuestos Participativos, las tienes a todas en un puño, en la cacha del poder que es de lo que se trata:  si te amoldas a mis caprichos, a mis antojos y a mi albedrío… caramelitos tendrás, si no con mi rodillo de poder te dejo cual sello pegado a carta, chafado, hundido, humillado… vamos, que te dejo para el arrastre.

¿Para qué tener en cuenta la opinión del resto de Asociaciones? ¿Para complicarse la vida habiendo palmeros? ¿Para discernir entre el que me aplaude y el que me abuchea? ¿Para saber quién me pone por las nubes o quién me zambulle en la  tomatina? ¿Quién me hace la pelota o me sumerge en la ciénaga? Y así vamos arrastrados, a remolque de las veleidades del amo, de la mano de la concejalía de Participación Ciudadana que él controla . Concejalía que se supone debe promover el asociacionismo, la participación, como su propio nombre indica. No se entera de lo que pasa, de su obligación a pesar de llevar ocho años cabalgando en su rocín ¿o será asno? por lo visto en todo este lapso de tiempo no existen para esa concejalía (o mas bien para el amo) asociaciones culturales, deportivas, profesionales, de comercio, religiosas… la opinión de éstas sobre temas candentes de la ciudad no importa, no cuenta, solamente interesa distraer la opinión general con la parcial dictada al Rebaño Vecinal. La duda entre la cabalgada sobre rocín o asno no alude a la capacidad intelectual de sus componentes, sino a la velocidad ejecutiva, celeridad impuesta por el amo que por imperativo legal ordena Anem poquet a poquet. Tanto es así, tan poco a poco, que mas bien parece que estamos parados y a merced de los antojos del dueño del cotarro. En ocasiones tengo la impresión que el Consejo es mas bien un Rebaño. Una de estas ocasiones fue cuando decidió anular la Comisión de Fundaciones, dando la espalda, subestimando, despreciando el patrimonio donado a los niños y ancianos de Benidorm en situación de pobreza, utilizando el voto de los dóciles corderos del rebaño. Indignidad, ignominia y ruindad del  ato.

Así, cuando hay proyectos que influyen decisivamente en el presente y futuro de la ciudad solo se escucha la opinión de los técnicos, del personal de confianza sacado de la incubadora política que es el Rebaño Vecinal, o como máximo de los vecinos directamente afectados, la opinión del resto no cuenta, no sea que con tantos caramelos a repartir no pueda sostener la sartén por el mango. Considerando que el número de caramelos es limitado, si han de repartirse entre muchos, puede quedar el repartidor sin probarlos y eso sí que no, ya dice el refrán que quien parte y reparte se queda con la mejor parte ¿o no?.

Tempus fugit, por lo que no estoy dispuesto a repetir suerte, con los últimos ocho años  perdidos tengo suficiente.